Cine | Reseña de Buenas Vibraciones
Título original: Pour le plaisir. Año: 2026. País: Francia. Género: Comedia romántica. Dirección y guion: Reem Kherici. Reparto: Alexandra Lamy, François Cluzet, Reem Kherici, Mitty Hazanavicius y Delphine Baril. Fotografía: Dominique Fausset. Música: Laurent Aknin.Duración: 90 minutos. Distribuidora: Moving Pics. Clasificación: Restringida para menores de 13 años
por Nadia Yannuzzi
En 2011 se estrenó Histeria, de la directora Tanya Wexler. La película narraba cómo, a fines del siglo XIX, el médico inglés Mortimer Granville desarrolló uno de los primeros vibradores, supuestamente para “curar la histeria femenina”. Vale aclarar que esta versión de los hechos, muy extendida en el imaginario popular, fue cuestionada por investigaciones posteriores que no encontraron pruebas suficientes para respaldarla.
Basada en una historia real, aunque adaptada con algunas licencias, Buenas vibraciones aporta un capítulo más a la fascinante historia de los juguetes sexuales.
Para ello, nos remontamos a 2014. Tras veinte años de matrimonio, Fanny finalmente toma coraje para contarle a su marido que nunca tuvo un orgasmo. Él reacciona con bastante tranquilidad y decide tomar cartas en el asunto. Tom es un ingeniero desempleado con aspiraciones de inventor, así que se propone diseñar un nuevo juguete sexual.
Entre pruebas y errores, este matrimonio revolucionarán la industria de los juguetes sexuales y el placer femenino con el desarrollo del Womanizer, precursor del todavía más popular Satisfyer. Hasta entonces, los vibradores solían tener una forma fálica, aunque la teoría freudiana que distinguía entre orgasmos vaginales y clitoridianos ya había quedado desacreditada hacía tiempo.
El nuevo dispositivo parte de una idea loquísima: estimular directamente el clítoris, en lugar de emular la genitalidad masculina y esperar que con eso baste para que suceda el milagro.
La película es divertida y entretiene, con un humor sencillo y estereotipado que no llega a ser vulgar. Sin embargo, los personajes son bastante unidimensionales y no experimentan una transformación significativa a lo largo de la historia.
Uno de los principales problemas es el exceso de estetización. Todo se ve plástico y la propuesta visual resulta bastante irreal. La pareja está a punto de vender su casa porque ya no puede mantenerla. Las deudas se acumulan y la situación económica es acuciante, pero ellos viven en un caserón en la campiña francesa, equipado con lo último en tecnología y un jeep carísimo. Fanny tiene una tienda de cerámica artesanal junto con su hermana, pero cuesta creer que ese emprendimiento les permita sostener semejante nivel de vida.
Más molesto todavía es el papel de la hija de ambos, de quien nunca terminamos de entender por qué está siempre de mal humor y quiere vender la casa de sus padres a toda costa.
Buenas vibraciones está dirigida por Reem Kherici y es su cuarto largometraje, en el que vuelve a asumir los roles de guionista, directora y protagonista. Más allá de los lugares comunes, hay tres elementos que vale la pena reconocerle a la película.
En primer lugar, sus protagonistas son dos personas de mediana edad, no jovencitos de cuerpos radiantes. En segundo lugar, el guion se ríe del discurso de autoayuda sexual que circula por las redes sociales, con su catarata de consejos imposibles de aplicar o directamente absurdos. Por último, la película nos recuerda algo que no deberíamos perder de vista: nunca es tarde para hacernos cargo de nuestro propio placer.
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