Cine | Reseña de Tiempos de ilusión
Título original: Juste une illusion. Elenco: Simon Boublil, Louis Garrel, Alexis Rosenstiehl, Camille Cottin, Pierre Lottin, Jeanne Lamartine, Demba Diaw, Giorgia Sinicorni, Lilian Wallet, Samuel Maïmoun, Augusto Fornari, Adèle Jayle, François Raison. Directores: Olivier Nakache, Éric Toledano. Guionistas: Olivier Nakache, Éric Toledano, Nathalie Hertzberg. Productores: Nicolas Duval Adassovsky. Fotografía: Augustin Barbaroux. Montajista: Dorian Rigal-Ansous. País: Francia. Año: 2026. Duración: 116 minutos. Distribuidora: CDI Films.
por Nadia Yannuzzi
Vincent tiene 13 años, vive en los suburbios de París y está preparando su bar mitzvá. Estamos a mediados de los 80, así que los padres les esconden cosas importantes a sus hijos y todas las diversiones son analógicas. Entre jugar al Pac-Man, pedir una canción en la radio, alquilar videos porno camuflados, llamar por teléfono fijo a la chica que te gusta, grabar casetes y ser rechazado en cientos de empleos, transcurre esta película maravillosa.
La familia Dayan es de origen judío, argelino y marroquí. Sus cuatro integrantes viven en un departamento de dos habitaciones en un monoblock, cada uno buscando su propio camino. La película sigue las aventuras de esta familia y del encargado del edificio, que se mantiene unida aun cuando el contexto es caótico.
Describir la trama de esta película es complejo porque no cuenta una historia extraordinaria. Es el retrato de un chico que atraviesa ese momento incómodo de la vida en el que ya no se es niño, pero tampoco adulto. Resulta interesante cómo ese momento bisagra que vive el protagonista también se expresa en el guion.
La película está ambientada en 1985, a mitad de una década en la que el mercado laboral está cambiando, las computadoras empiezan a llegar a las casas y las mujeres alcanzan puestos directivos, aunque todavía sienten culpa por no estar en el hogar. Los hombres, por su parte, comienzan a involucrarse más en las tareas cotidianas, pero todavía están aprendiendo.
Que no sea una historia extraordinaria, sin embargo, no significa que le falte nada. Estamos hablando de una comedia con todas las letras, con un guion que maneja a la perfección los tiempos del humor y un elenco de primer nivel.
Entre los adultos se destaca Louis Garrel, que realmente sorprende en el registro cómico, junto a Pierre Lottin, soberbio con sus botas tejanas y su peinado mullet, y Camille Cottin, un poco encasillada en el rol de madre, pero siempre regia.
Entre los jóvenes intérpretes, además de Simon Boublil, que da perfectamente con ese Vincent que busca su lugar, quiero destacar a Alexis Rosenstiehl, el hermano mayor que comprende a todos. Y, de pie, Jeanne Lamartine, que compone a una jovencita de grandes convicciones y compromisos políticos.
Este año parece que la obsesión por los 80 llega a su punto más álgido. Entre la nostalgia por una era sin internet y las grandes similitudes políticas con nuestro presente, especialmente en lo que respecta al liberalismo y sus destrozos, es una década que parece no querer irse. Una época que, seguramente, dejará su impronta en la producción audiovisual de estos años.
Si Tiempos de ilusión nos deja un mensaje, pienso que es que hay que aprender a atravesar los cambios y, en ese proceso, aferrarnos a quienes nos quieren y a las cosas que nos gustan y nos hacen bien. Como ir a ver una buena comedia.
Es verdad que el cine no puede arreglarlo todo, pero en los momentos difíciles nos hace pequeños regalos. En este caso, nos regala a Louis Garrel bailando I'm So Excited. Y no es poco.
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