Reseña | Teatro | Los Sepultureros
Entre la hermandad y el antagonismo
Por Gustavo Noriega
"Los Sepultureros" es una obra de teatro uruguaya, que gracias a la unión de voluntades pudo
presentarse en Buenos Aires, en El Tinglado, con gran éxito. La pieza se erige como un juego
satírico a partir de Hamlet de Shakespeare, con dramaturgia y dirección de Rodrigo Spagnuolo.
Como si se tratase de un espectáculo para chicos, gran parte de su periplo atrapa, por lo que
se deja ver y lo que se esconde. Además, sus protagonistas Tiburcio (Sebastián Silvera
Perdomo) y Cecilio (Daniel Plada) de la Compañía Teatro de la Gaviota, irrumpen en la escena
con un trabajo vocal propio de la caricatura; caracterizados con prótesis y vestuario (Catalina
Peraza) al estilo de la saga de Mad Max, que hará que esta dupla se muestre indisoluble,
manteniéndose muy vivos en medio de un tendal de cadáveres: los de la mencionada
Tragedia.
Los dos amigos encargados de sepultar a los muertos -desde Ofelia hasta el Príncipe- conocen
bien a los difuntos; y Cecilio puede continuar amando a alguno de ellos, aunque no tengan
signos vitales; o por eso mismo, puede hacerlo con mayor pasión aún. Por su parte, Tiburcio
parece más interesado en los objetos de valor que puedan hallar, ya que alguna corona debe
haberse desprendido de su correspondiente cabeza.
Desde un comienzo el amor en su variante fraterna, estará en juego, ya que ambos expresan
su afecto por el otro, aunque puede inferirse el carácter extorsivo de sus manifestaciones.
Están solos y unidos por las circunstancias, en una atmósfera tomada del cine fantástico y de
acción, el uso de las luces y el color crean imágenes surrealistas, llenas de belleza.
Son personajes que nunca tuvieron ambiciones de poder, pero nunca estuvieron tan solos y
ahí es donde la fantasía se cruza con la realidad, entonces aparece el humor político que aplica
a toda gestión: ese lugar común que son las promesas, ese pacto emocional que casi nunca se
cumple. En este nuevo contexto surgen nuevos intereses, aparece la avaricia.
El trabajo físico de los actores exacerba el grotesco y hace verlos como marionetas; o
contrincantes de lucha libre; o espadachines que usan palas de cavar en lugar de espadas;
sumando una gestualidad por momentos desquiciada, que acompaña la presencia inagotable
de humor negro.
Apoyándose en la burla y otros recursos del clown, el texto escrito por Rodrigo Spagnuolo saca
provecho de todo lo sucedido en la masacre de la corte dinamarquesa. Es un trabajo para reír
como niños y luego pensar esas frases que contienen términos difíciles de desentrañar; tales
como patria, traición o corrupción que están presentes en nuestra Historia, tan lejos de la
nórdica.
En Montevideo (Uruguay), se presentó en 2024 con gran repercusión, en el Teatro Stella
D'Italia.

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