Reseña | Cine | La empleada
Por Mariana Parodi
El corazón de la película reside en el choque entre Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. La química entre ambas es una danza de poder: mientras una intenta encajar en una familia perfecta, la otra parece jugar con las piezas de un tablero que solo ella conoce.
Aunque Paul Feig es conocido por su manejo de la comedia, aquí se sumerge en una atmósfera de pura tensión que, por momentos, puede sentirse similar a Un pequeño favor, su película de 2018. El director utiliza la arquitectura de la mansión de lujo no como un refugio, sino como una trampa. Cada pasillo y cada rincón esconden secretos, y la cámara se encarga de que el espectador se sienta tan vigilado como los protagonistas.
La trama no es lineal en sus intenciones. Cuando pensas que sabes toda la historia, vuelve a tener un giro. Más allá del suspenso, la película explora qué estamos dispuestos a hacer por el estatus y cómo juzgamos a los demás basándonos en su clase social.
"La Empleada" es un inicio de año potente para la cartelera argentina. Es una película elegante, cínica y entretenida que te mantiene al borde del asiento. Ideal para quienes disfrutan de historias donde la realidad es solo la primera capa de una cebolla muy peligrosa.


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