Reseña | Cine | El día del fin del mundo: Migración
Por Patricio Ferro
El día del fin del mundo: migración es la secuela de la película homónima del 2020,
protagonizada nuevamente por Gerard Butler, quien vuelve a estar a las órdenes de Ric Roman
Waugh por cuarta vez. Y completan el elenco Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Tron
Fausa y Amber Rose Revah, entre otros.
En esta ocasión, John Garrity (Butler), junto a su esposa Allison (Baccarin) y su hijo ahora
adolescente Nathan (Griffin Davis), deben huir del búnker en Groenlandia donde estaban
refugiados cuando se derrumba por un terremoto. Y se dirigen a Francia, en la búsqueda de un
cráter que resulta habitable y funciona como bastión de la resistencia humana.
En primer lugar, es necesario destacar el uso de referencias bíblicas, que le aportan una
dimensión simbólica que enriquece la puesta en escena sin caer en alegorías obvias que
expliquen la relación entre la ficción y temas de actualidad como el calentamiento global. Ya
que son personas comunes envueltas en una situación extraordinaria se salvan de la
destrucción del lugar que habitan utilizando un barco, o arca, para ir a una tierra prometida.
En segundo lugar, es necesario aclarar que tiene una puesta en escena minimalista, como
puede apreciarse en su corta duración de 98 minutos, inusual para el género catástrofe. Ya
que su director prioriza el drama familiar por sobre la espectacularidad de las escenas de
acción, todo lo contrario a lo que hace Roland Emmerich. Lo que deja sabor a poco, y la
sensación de que se pudo sacar un mayor provecho tanto de los paisajes que muestran esta
tierra devastada como de los terremotos y lluvias de meteoritos.
En conclusión, El día del fin del mundo: migración es, al igual que su predecesora road movie,
en este caso postapocaliptica, pensada para el lucimiento de Gerard Butler, un duro del cine
de acción de la vieja escuela. Se diferencia dentro del género catástrofe por una puesta en
escena minimalista, que reduce considerablemente las escenas de gran espectáculo, dejando
la sensación de que su potencial narrativo fue desaprovechado, hasta el punto de volverla
fácilmente olvidable.

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